EL CACIQUE SEPÉ

El gran cacique Sepé / Se aquerenció entre el gauchaje
Su lanza traía el linaje / De la horda montonera
Que el ejército español / Combatía campo afuera.
Cubierto con un cuerito / A la más antigua usanza
Desafiaba la metralla / Con su pecho varonil.

El cerro Batoví / Le brindó leche materna
Pa que fuese a la contienda / Altanero y orgulloso.
Montaba un rosillo brioso / Que el mismo supo amansar,
Y que tuvo que arrancar / De manadas cimarronas,
Correteándolos a bola / Por esta pampa oriental.

En el fragor de la lucha / Lanzaba tal alarido
Para la tropa un bramido / O el rugido de un león,
Así ordenaba a su indiada / A cometer en malón.
Pero el tiempo fue apagando / Sus épicas correrías
Y encontró en la pulpería / Algún brebaje de alcohol
Que anestesiaría el dolor / Que los recuerdos traían.

El día de la traición / Bigúa lo estaba esperando
Y al ver al indio caído / Lanzó un relincho bestial,
Comprendía el animal / La desgracia de su amigo.
Dos perros, sus compañeros, / Lo quedaron custodiando
Echando a su costado / Pa tenerlo calentito

Pero el veneno maldito / Ejecutó la sentencia.
Después, surgió la creencia / Que donde el indio cayó
Un ceibo rojo creció / Bebiendo sangre charrúa
Y al florecer perpetúa Su salvaje corazón.

Poesía de un autor tacuaremboense